Mis padres: Romeo y Julieta. Reseña en laRepúblicaCultural.es. Alberto García-Teresa.

Mis padres: Romeo y Julieta, de Pablo Fidalgo Lareo
Sobre el linaje y la identidad

Publicado por Alberto García-Teresa en laRepúblicaCultural.es (22/04/2014)

El tercer poemario de Pablo Fidalgo Lareo se centra la construcción del individuo, del “yo”, a través de la familia (no en vano, “familia” es la palabra más repetida en todo el volumen). Indaga especialmente en la cuestión del linaje, de la herencia moral y psicológica que se traspasa de progenitores a descendientes. A su vez, pesa el dolor y la angustia en esas relaciones familiares que, aunque tratan de evitarlo, inevitablemente se ven afectadas por los sucesos históricos. Al respecto, algunas piezas se centran en el exterior, pero siempre el enfoque es la construcción del “yo”. Se trata siempre de situaciones conflictivas, no apacibles, contradictorias, incluso, pues oscilan entre el amor y el odio. Los vínculos y los cuidados se muestran como opresivos, dictatoriales, que no permiten desarrollarse al individuo. La falta de cariño (“su amor no es circular”) o la sobreprotección y la carencia de motivaciones resultan algunos de los aspectos más destacados, y con ellos el autor crea una atmósfera asfixiante.

Por su parte, salvo algún poema puntual, Fidalgo aborda de estos temas de manera abstracta, con nombres que son categorías (padre, madre, abuelo, casa) y empleando muchos elementos simbólicos hasta el punto de que abundan los poemas articulados alrededor de uno de ellos. No en vano, la casa es el espacio principal. Poco a poco, también se va construyendo, paralelamente, la relación entre padre y madre (identificados en la segunda sección de las cuatro del volumen como “Romeo” y “Julieta”).

El interlocutor, siempre presente, va variando: un “tú” externo no identificado, que puede ser la amada, o bien la madre o el padre, explícitamente nombrados. En otras ocasiones, se trata del “yo” desdoblado, que trata de explicarse a sí mismo, de dilucidar qué y quién es y qué siente.

A pesar de un tono en general distendido, que busca más el retrato amplio que la concisión, consigue Fidalgo algunos versos muy certeros y rotundos (“la mañana es un extremo / al que no hay por qué llegar”), especialmente en el cierre de algunos poemas. De hecho, el autor apunta a una conclusión climática en sus piezas.

En definitiva, Pablo Fidalgo investiga los condicionamientos familiares en la construcción del sujeto; emplea el poema como espacio de tensión y cuestionamiento de la identidad en este cohesionado poemario.

 

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