Reseña de Autobiografía de mi generación. Martín López-Vega.

Publicado por Martín López-Vega en su blog Rima Interna

el 25/05/2015

Pablo Fidalgo: Memoria personal, memoria colectiva.

Desde su doble dedicación a la poesía y el teatro -no sabe uno muy bien en qué orden, aunque sí que es una convivencia que enriquece ambos aspectos de su tarea creativa- Pablo Fidalgo (Vigo, 1984) va construyendo, a toda máquina, una de las trayectorias literarias más interesantes de la última generación. El libro que ahora nos ocupa, Autobiografía de mi generación (Fundación Marco) será difícil de conseguir para la mayoría, pero el esfuerzo merece la pena. Lo que tenemos aquí no es sólo un libro de Fidalgo; hay bastante más, pues el volumen incluye textos largos de Olga Novo, Cláudia Dias, Eduardo Pérez-Rasilla o Miguel Boneville, entre otros.

El texto de Pablo Fidalgo es una obra de teatro, titulada O estado salvaxe, que tal como aparece aquí puede leerse también como si fuera un poema. La obra consta de dos partes: una primera en la que Fidalgo se mete en la piel de su abuelo tomando como excusa unas películas caseras, y la segunda, un monólogo puesto en boca de la abuela del autor. En escena, Fidalgo recita la primera parte y la abuela misma la segunda. En otra obra que también se incluye en este volumen, ¿Qué hacen a esta hora los coroneles? refiere la experiencia vital del propio Fidalgo, y bien puede leerse como complemento o expansión de buena parte de su obra en verso. Lo mismo ocurre con Persona non grata.

La confrontación entre la experiencia de ambos abuelos es especialmente interesante por cuanto Fidalgo toma deliberadamente partido por la figura de su abuela. Fidalgo presta especial atención a la figura femenina y de algún modo se identifica más (o busca identificarse más) con sus padecimientos. Fidalgo afirma haber construido la pieza después de largas conversaciones con su abuela, así que no es de extrañar que esa sea la perspectiva. Entre los textos que acompañan el volumen hubiera sido interesante incluir la transcripción de las opiniones de la abuela sobre la obra, qué piensa sobre cómo lo que se supone que es su experiencia acaba representada por ella, pero escrita por su nieto.

Lo más interesante de los textos de Fidalgo es cómo se reconstruye la memoria familiar, con una cierta voluntad no sé si de ajustar cuentas, pero sí de repartir responsabilidades. El estilo es el mismo que conocemos de la poesía de Pablo Fidalgo: desbordado como un largo monólogo más interesado en no dejar un meandro de su discurso sin explorar que de darle forma cerrada. A veces peca de explicar demasiado su propia experiencia hasta el más mínimo detalle insignificante (“Estoy agotado de haber hecho este trabajo”, comienza diciendo el prólogo, como si uno esperase otra cosa) y en general da la sensación de que un buen trabajo de poda hubiera mejorado algunas partes del texto. El ansia de Pablo Fidalgo por comunicarlo todo choca a veces con la resistencia del espectador o el lector a saberlo todo: no todo es interesante sólo por ser verdad. Sin embargo, este es el estilo de Pablo Fidalgo, y el resultado es casi siempre revelador e iluminador, y merece la pena tomarlo con todo, tal cual es.

Todos los textos que acompañan a sus obras son sin duda interesantes, pero merece la pena destacar el ensayo de Olga Novo titulado “Intrahistoria del amor” y que merecería edición exenta y que resulta un texto revelador no sólo para profundizar en los textos de Fidalgo sino en la propia obra de la poeta gallega. Comienza con una “Intrahistoria de los míos”, que es un repaso a su propia biografía y a la de su familia, antes de pasar a la obra de Fidalgo.

Un libro, en definitiva, interesantísimo desde todos sus ángulos, piedra miliar de la obra de Pablo Fidalgo, uno de los más interesantes autores jóvenes, uno de los escritores de cualquier edad a los que merece ahora mismo seguir la pista en las Españas.

(…)

Un día mi marido compró el proyector y una películaAutobiografía de mi generación

La vimos esa misma noche y le gustó tanto

Que al día siguiente ya tenía la cámara

Yo era como una actriz entonces

Ahora todas esas imágenes hablan de la muerte

Hablan del paso del tiempo

Hablan de la desesperación salvaje

Con la que algunos hombres se agarran a la vida

Esas imágenes ahora se me vuelven violentas

Porque si las miramos atentamente

Podemos encontrar en ellas todas nuestras frustraciones

Entendéis lo que quiero decir ¿verdad?

En ese intento de acto de amor

Se ve la incapacidad natural de cualquier ser humano

Para amar durante mucho tiempo

Las imágenes eran muy poderosas en la dictadura

En un tiempo de silencio las imágenes

Se vuelven subversivas muy fácilmente

(…)

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Mis padres: Romeo y Julieta. Reseña en Rima Interna. Martín López-Vega

Pablo Fidalgo: ¿Cuánta verdad necesitamos?

Publicado por Martín López-Vega en su blog Rima Interna, el  10/04/ 2014

Se lee entre versos en la poesía de Pablo Fidalgo (Vigo, 1984) que cree que existe algo así como la autenticidad, hermanada, de algún modo, con la intensidad. La única forma de vivir, parece decirnos, es extenuarse, averiguarlo todo, viajarlo todo, comerlo todo, follarlo todo. “Dejemos que las cosas ocurran, esta vez de verdad”, dice en un verso de su nuevo libro, como si pudieran ocurrir de mentira (la mentira, en su poesía, parece ser aquello que no fue como él hubiera querido que fuese). Lo dice en un poema que tiene algo de remedo de la Elegía a N. N. de Czeslaw Milosz, aunque vaya a otro sitio. Su poesía, sin embargo, nos hace pensar más en el desbordamiento de Daniel Faria, por ejemplo.

Esa búsqueda de la intensidad, que es el motor esencial de la poesía de Fidalgo y que lo distingue entre la grey de la anemia posmodernística, puede llegar a resultar un poco excesiva en ocasiones. Escribe: “Pensé: / el deseo de tocar a quien se destruye / es tan fuerte como el de destruirse”. Y en otro poema: “No soportamos las mentes sanas”. Sano, elegante, bienpensante, son sinónimos en esta poesía cuyo mayor peligro es ese lanzarse tan a las bravas a por su objetivo, perdiendo en ello algo de capacidad de matiz y probablemente, casi todo lo demás —él lo dice: el objetivo es destruirse.

Hablamos de su libro más reciente, Mis padres: Romeo y Julieta (Pre-textos). Tras un prólogo más o menos amoroso, la sección Casa de acogida es un intento de trazar la biografía de la casa familiar, desde el abuelo que “pasó la dictadura en silencio” y “no se enteró de la guerra” e incluso antes: “Mis abuelos ya cuidaron de sus propios padres / en esta misma calle, en esta misma casa”. El autor busca su lugar en esa intrahistoria: “Yo en mi familia sólo soy un personaje histórico. / Nadie tiene tiempo para saber si realmente existí”. Hay algo en esta sección de búsqueda del propio lugar y a la vez de construcción de ese lugar como algo externo e interno a la vez, propio y ajeno, desgajado y encajado a la fuerza. La pugna entre el deseo de la familia y el de individualidad genera una tensión única en esta parte del conjunto.

Sigue a esta sección la que da título al libro, Mis padres: Romeo y Julieta. Un poema. Comienza con la madre contándole al hijo dónde fue “creado”. Viene luego una especie de biografía paralela: la madre que vendía objetos que ella misma pintaba, el hijo que no sabe pintar. Hay una separación, y una especie de pecado original: “¿Aceptas que estás aquí / porque alguien no se jugó la vida totalmente?”. Esta parte, sin duda la más ambiciosa del libro, es también la de arquitectura más difícil. Fidalgo construye a la vez un poema largo y un conjunto de poemas, con un tono que apenas si deja huecos para respirar. Esto tiene un problema: la intensidad de la lectura pide un ritmo de lectura que obliga al verso a fluir, a no enredarse demasiado conceptualmente. Casi siempre funciona pero a veces deja la impresión de verso poco trabajado, cuando no alguna que otra ingenuidad (no por pretendida menos ingenua): “Mis padres eran dos seres increíbles”. Hay preguntas constantes sobre el pasado, del que nos separa una cicatriz de incomprensión por lo que entonces parecía ser un orden y que ahora sin embargo resulta ajeno.

La tercera parte del libro lleva por título Río do Mar. Es la más miscelánea y por eso incluye alguno de los poemas más logrados del conjunto, más independientes también. Hay hilos trenzados con el resto del libro, pero cada poema tiene una solidez individual. No estoy seguro de que la estructura del libro sea la mejor: diría uno que el autor ha querido incluir dos o tres libros en un volumen y no acaba de funcionar del todo, haciendo que los poemas espléndidos que contiene (más de los que se cuentan con los dedos de ambas manos) brillen como podrían haberlo hecho.

Pablo Fidalgo es, lo ha dicho uno ya más veces, mucho más que un nombre prometedor. Si uno le pone algún pero es porque lo lee con la exigencia con que sólo se lee a los grandes poetas. Su dominio del lenguaje es poco frecuente y su capacidad para imaginar libros tramados, así como su impudor a la hora de bucear en la propia biografía no por crearse un personaje atractivo (como otros que yo me sé y ustedes también) sino por descubrir, saber, crecer, hacen de él un nombre ya imprescindible de la poesía española viva. Sin embargo, debe tener en cuenta dos cosas: parte de la construcción del ritmo es la ruptura del ritmo, y su tono desbocado parece intenso al principio y acaba por resultar monótono, pues apenas hay variación. Ya sabemos que tiene voz propia, no necesita insistir en eso. Toca enriquecerla. Tampoco hace falta que si escribe un poema sobre sus padres nos cuente todos los detalles: queremos que un poeta nos cuente nuestra vida, no la suya. Y aunque detalles como incluir su foto de niño con sus padres insinúa un paralelo muy atractivo entre su poesía y cierta escritura de no ficción —una veta en la que podría insistir, seguro que le daría resultados espléndidos— debe recordar que el que su historia haya sido intensa para él no nos basta: queremos que lo sea para nosotros. No tenemos obligación de escucharle: cada palabra que nos diga debe merecer la pena, no necesitamos que se pierda en detalles insulsos. No es que pase mucho, pero pasa más de la cuenta. Y en esos matices probablemente esté la diferencia entre el buen poeta que ya es y el poeta inolvidable que tiene todo para ser.

Mis padres: Romeo y Julieta en Rima Interna

Recomendaciones poéticas del 2013 por Martín López-Vega:

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Cosecha de 2013

Publicado por Martín López-Vega el día  23 diciembre, 2013

A lo mejor quieren ustedes regalar un libro de poesía estas navidades y no se les ocurre cuál. Haciendo un repaso mental rápido a lo que se ha publicado este año en España, aquí van algunas sugerencias.

Hace tiempo que Olga Novo (en la imagen) es una de las poetas más interesantes que escriben ahora mismo en la península. Su profunda ligazón con la tierra, sincera y crítica, no tiene nada del turismo campestre al que estamos tan acostumbrados. Su capacidad para convertir cosas cotidianas en totems sólo es comparable a la de los clásicos. Los líquidos íntimos (Cálamo) es una antología de toda su obra.

El falso techo (Pre-textos) es el segundo libro de poemas de Erika Martínez. Bien entrenada en el gimnasio del aforismo, cada poema suyo es un puñetazo de inteligencia al estómago de la emoción. Otros libros de poetas españoles de las últimas hornadas: en La crisis: Econopoemas (Ya lo dijo Casimiro Parker) Sergio Fanjul da voz a la indignación por “lo que está pasando”, con humor e inteligencia. En Mis padres: Romeo y Julieta (Pre-textos) Pablo Fidalgo, un nombre esencial de las últimas quintas, recrea una historia familiar y consigue lo que pocos poetas logran: contarnos su vida y que nos creamos que nos está contando la nuestra. (…)

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