Mis padres: Romeo y Julieta. Reseña de Luis Pousa en La Voz de Galicia.

La familia y otros monstruos interiores

LUÍS POUSA | La familia y su complejo laberinto de relaciones, amores, odios y amores que son o parecen odios (y viceversa) es un filón inagotable para la materia literaria —véase, sin ir más lejos, el éxito de la obra teatral Agosto y de su reciente versión cinematográfica—. Lo que ya no resulta tan habitual es indagar en esa delicada maquinaria humana desde la voz poética. Pero Pablo Fidalgo Lareo (Vigo, 1984) no es un autor que persiga lo común. Está precisamente interesado en agarrar lo convencional, el lugar común, y ponerlo patas arriba para investigar qué se oculta en su trastienda. Así lo ha hecho, una vez más, en este su tercer poemario, Mis padres: Romeo y Julieta, que publica el sello Pre-Textos. Aquí Fidalgo se zambulle sin miramientos en una cruda y descarnada introspección de las sombras de su propia familia. Una indagación centrada en la relación de sus propios padres, a los que evoca
con sutileza —muy lejos de querer profanar el tótem shakespiriano— como sus personales e intransferibles Romeo y Julieta, excusa que aprovecha para avanzar también en la exploración de las huellas del pasado, muy singularmente de la alargada sombra de la dictadura franquista. Conocedor del factor humano por su fecunda trayectoria en los escenarios teatrales —donde se desmenuzan como en ningún otro lugar las fricciones personales—, Fidalgo construye esta gran historia plagada, como apunta, de pequeñas mentiras para que todo encaje y, sobre la foto final del pequeño y sus padres, eleva un memorable poema para culminar esta obra fascinante e inquietante a partes iguales: «Miramos al objetivo diciendo/ que aún no estamos agotados,/ que no seremos solo esta imagen,/ que cada uno de nosotros tres está destinado/ a vivir otro gran amor, otro gran poema de amor».

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Mis padres: Romeo y Julieta. Reseña de María Mercromina en Koult

Por María Mercromina en Koult

Des­pués de La edu­ca­ción física y La reti­rada el autor regresa con Mis padres: Romeo y Julieta.

Siem­pre he sen­tido envi­dia de aque­llos que tie­nen man­chas de naci­miento. De esas mar­cas en la piel que se for­man antes de des­per­tar y salir de la pla­centa. Antes de que tu vida comience y empie­ces a cami­nar, apren­das a hablar, ven­gan y se for­men los pri­me­ros recuer­dos… No se sabe la causa exacta que hace que apa­rez­can, pero están ahí. Siem­pre están ahí.

Los poe­mas de Pablo Fidalgo Lareo en este libro podrían ser man­chas de naci­miento. Bien deli­mi­ta­das y cir­cuns­cri­tas. Res­plan­de­cien­tes. Pablo en este libro vuelve atrás y se balan­cea entre las ramas de su árbol genea­ló­gico: la madre aguan­tando el dolor, la his­to­ria (nues­tra his­to­ria) en la boca del abuelo, padre e hijo explo­tando. Y de nuevo la madre, meciendo y aguan­tando el dolor. Ese dolor sór­dido y cer­tero que podría ser el de todas las madres. Pablo cuenta esta his­to­ria que podría ser per­fec­ta­mente la his­to­ria de nues­tra fami­lia. Es difí­cil con­se­guir a la vez que nos crea­mos algo y nos sin­ta­mos iden­ti­fi­ca­dos. Que pida­mos noso­tros tam­bién for­mar parte del espec­táculo: darle una vuelta de tuerca más al tea­tro y a la poe­sía. Que supli­que­mos a los padres junto al autor: ¿Podéis con­quis­ta­ros otra vez para que yo lo vea?

El poeta llega con la cara llena de san­gre y de heren­cia; el hijo ven­ce­dor de Romeo y Julieta reco­rre de prin­ci­pio a fin la his­to­ria de amor de sus padres, se con­vierte en el hijo bri­llante que no per­ma­nece en casa. El hijo bri­llante y herido que dice la ver­dad sin que lo golpeen.

Yo soy hijo de los que se baña­ban desnudos/ pero nunca per­die­ron la ver­güenza. /Mi decla­ra­ción de amor fue des­nu­darme en la calle/ y vol­ver a ves­tirme sin expli­car nada más.

Pablo se atreve a tra­zar un filo y cami­nar sobre él hacia su ori­gen. Regresa, qui­zás, a aque­llo que lleva toda la vida evi­tando: pala­bras y ges­tos que están a punto de vol­verse con­tra él, pero que aún no lo hacen.

Ésta es la defi­ni­ción del per­se­guido: / un cuerpo que sabe exac­ta­mente /aquello de lo que es inú­til huir.

Ser el per­se­gui­dor o el per­se­guido. Poner nom­bre a la huida. Vol­ver a la habi­ta­ción dónde fuiste con­ce­bido con tu madre. Recrear una infan­cia ver­da­dera, dor­mir al lado del mar y des­per­tarse mojado. Cerrar el libro con una foto de la infan­cia, manos de papá y mamá sos­te­nién­dote, mos­trán­dote al mundo. Encon­trar o no aún la len­gua materna. Qui­zás esto es el poema: man­cha de naci­miento o cicatriz.

Ser trá­gico y saber serlo– Y caer como todos. Eso como nadie lo hace Pablo Fidalgo Lareo.

 

Reseña de Luis Bagué en Babelia de Mis padres: Romeo y Julieta

Mis padres. Romeo y Julieta, de Pablo Fidalgo Lareo

Por Luis Bagué.

Publicado en el suplemento “Babelia” del diario El País, el 18 de enero de 2014.

La ópera prima de Pablo Fidalgo Lareo (Vigo, 1984), La educación física, lo convirtió de inmediato en uno de los nombres más destacados de la joven “poesía joven” (y no se trata de un caprichoso pleonasmo). Después de La retirada, el nuevo libro del autor explora una sugerente faceta de la identidad: los vínculos entre el sujeto y su entorno familiar. Sin embargo, Pablo Fidalgo no se va por las ramas del árbol genealógico, sino que conjuga pasado y presente con un verbo preciso y una lucidez escéptica: “Mi vida fue una mala idea / que se ha extendido demasiado”. Estas páginas recrean una memoria personal que funciona también como crónica de la España reciente. Así, el poeta reproduce su particular viacrucis desde una casa tomada por las sombras hasta el corazón de una patria cainita: “Mi doble vida es exactamente / la doble vida de mi país”. No obstante, el núcleo del volumen desarrolla el tema del amor imposible ―metaforizado por la pareja trágica que Shakespeare regaló a la eternidad― para dar otra vuelta de tuerca a los engranajes teatrales y sentimentales. Lejos de los enredos de Capuletos y Montescos, el autor opta por una escenificación polifónica que ofrece distintas versiones de una misma historia: la separación de los padres del yo lírico. A veces los personajes monologan sobre sus delitos y faltas, como en los apartes del Woody Allen serio; y otras veces el hijo se erige en espectador y crítico de la obra representada: “Siempre acaba absurdamente la vida / de los grandes amantes y de sus hijos / heridos por la literatura. / Romeo y Julieta, Travis y Jane, Lima y Belano”. Sin concesiones a la autocompasión, este libro se perfila como un ajuste de cuentas con la propia biografía (de algún modo, como Tiempo de vida, de Giralt Torrente). Pese a lo exiguo de su anécdota, los numerosos aciertos de Mis padres: Romeo y Julieta no merecen enmarcarse en el movedizo margen de las promesas, sino en la tierra firme de las evidencias.

Reseña de Inaxio Goldaracena de Mis padres: Romeo y Julieta

Reseña de Inaxio Goldaracena en su blog halcondelanoche

(26/12/13)

Con un título tan evocador y trágico como el que recuerda a la obra de W. Shakespeare, Pablo Fidalgo escribe, recrea y reconstruye sus orígenes familiares a través de un monólogo interior donde intercala frases en boca de sus ascendientes. Suyo es el regreso al hogar para iniciar esa búsqueda. De todas las versiones de esta tragedia no recuerdo ninguna que tomase como progenitores a los protagonistas. Un punto de partida singular donde el autor reivindica conocer su propia identidad.

El libro es un larguísimo poema dividido en poemas individuales. La estructura del poemario no es un conjunto de poemas unidos por una temática común. Cada pieza de este ajedrez gozaría de un elogio por su estilo, profundo pensamiento y extraordinario cierre, sin embargo perderían toda significación, por separado, fuera del tablero.

El autor ha afianzado esta técnica que ya mostró en La educación física (Pre-textos, 2010). Aquí, la madurez del poeta y su excesiva implicación hace que la obra sea generosa en grandes reflexiones. En mi modesta opinión, nos encontramos con uno de los mejores poetas españoles contemporáneos.

Como dice Uxue Gaztelu, el poeta escribe desde lo íntimo hacía lo colectivo. Deudor de la traducción anglosajona, presenta un texto con un lenguaje sencillo, sin cultismos. Lector de los grandes poetas polacos, Pablo Fidalgo nos interna en un espejo de pensamientos, donde uno se interroga y rememora sus orígenes. Su poética es la de quien toma su propia biografía como inspiración y fundamento de la obra.

Difícil seleccionar sólo un par de poemas.

MI MADRE cuenta que cuando yo nací
mi padre no tenía deseos, no sabía qué hacer.
Simplemente escuchaba música y leía.
Sólo por eso durante un tiempo
mi padre fue un héroe para mí.

Durante un tiempo imaginé a sus amigos
como esos seres que ven a alguien muriendo
y en vez de correr a salvarlo
buscan la imagen perfecta de la muerte.
Y ni siquiera esa imagen salió bien

Estamos nerviosos: nuestra moral es compleja.
Si entro en la mente de mis padres
en el momento exacto de mi nacimiento
no veré nada bello.

Algunos años después, yendo a nuestra playa,
le diré a mi madre yo haré lo que sea,
leeré, escribiré, pero no creo en nada.
Mi deseo verdadero es dormir junto al mar
y despertarme mojado.

Yo soy hijo del deseo cuando aún
no se toca con la palabra amor.
Mis padres tienen que ensayar la libertad
y encuentran un faro al que encadenarse
para probar su fuerza y fracasar.

Mis padres al concebirme ya sabían
que tendrían que repetir esa escena muchas veces.

MI NATURALEZA es distinta de la de este ser
en el que me he convertido.
Hubiera querido pegarme por cualquier cosa
pero nosotros también tenemos un camino
para decir Aleluya, amén.

Pasé toda mi vida regresando a un sitio
que sólo existía en la mejor época de la mente de mis padres.
Si yo hubiera encontrado un gran conversador
habría estado toda la vida hablando
del amanecer a la noche, sin despistarme.

Sentía que los que habían jugado antes por mí
tenían fe en que mi número saliese.
Si estoy en mi casa me dirán
de qué quieres hablar, o peor
qué quieres escuchar,
como sí yo fuera un loco por creer
que hablar puede reparar algo.
Es posible que no escuchar a nadie
fuera tan importante como ahora escucharlo todo.
Y puede que en ese juego no nos encontremos nunca.

Sí. Quizá, simplemente, no coincidimos.
Aunque no te lo creas, cada vez que vengó aquí
pienso cómo es la casa que quiero dejar.
Padres, ¿podemos los tres conquistarnos y escucharnos
como si fuera la primera vez?
¿Podéis conquistaros otra vez para que yo lo vea?

 

Presentación de Uxue Juárez en Pamplona de Mis padres: Romeo y Julieta

Por Uxue Juárez

19 de Diciembre. Presentación de Mis padres: Romeo y Julieta, Librería Walden. Pamplona.

En O estado salvaxe. Espanha 1939, una performance que surgió a partir del poemario Mis padres: Romeo y Julieta, Pablo Fidalgo Lareo dice algo que considero representativo de su quehacer poético: “ Vengo de un país sin memoria, y por tanto, sin historia. La tarea de quien escribe hoy en España es deshacer la ficción de la historia que nos han contado. una generación de gente progresista fue asesinada o condenada al exilio en el año 39. Acabada la dictadura, no sólo no se reparó la herida, sino que la transición se encargó de hacer olvidar. La represión fue brutal, y dura hasta hoy. Intento rehacer y reescribir la historia de los perdedores y de las víctimas de la transición partiendo de mi historia familiar, y analizar las consecuencias de ese silencio y ese miedo. Lucho para que este lugar que siento tan propio, el sur de Europa (el origen de Europa), no desaparezca en medio de esta tercera guerra mundial.”

Pablo Fidalgo Lareo (Vigo, 1984) ha publicado tres poemarios. El primero, La educación física (Pre-Textos, 2010), fue elegido por El Cultural como uno de los cinco mejores libros de poesía publicados en 2010 en España. En 2012 gana el Premio Injuve de poesía por su segundo libro La retirada. Año en el que también publica el libro de artista El tiempo de las tragedias absurdas (Fundación Cuña-Casasbellas, 2012). Sus textos han sido recogidos en varias antologías, y han sido traducidos al portugués, al francés, al polaco, al inglés y al persa. Mis padres: Romeo y Julieta, publicado este año también en Pre-Textos, es su tercer libro de poemas y es de éste último del que Pablo nos va a hablar hoy aquí en Walden. Pero antes, por si alguien no ha leído todavía sus libros, quería introducir brevemente su poesía. Cuando uno lee el conjunto La educación física, La retirada y Mis padres: Romeo y Julieta, se da cuenta de que los tres poemarios forman en realidad un extenso poema que gira y se reescribe a sí mismo. Las fronteras entre teatro y poesía se disuelven para dar paso a una poesía coral en la que el turno de palabra lo toman la voz poética central, el padre, la madre o, por ejemplo, el abuelo. Parece que incluso la habitación o la casa en la que se desarrollan los hechos toman también la palabra. En este aspecto, el hecho en sí, un suceso puntual que comienza en una habitación en la que se encuentran sus padres, se analiza en cada poemario de un modo distinto y sirve como punto de partida para una voz poética que muta conforme el tiempo avanza. Pablo vuelve a la infancia, a la relación de sus padres, a la educación recibida, a todo aquello que les sucedió a sus progenitores cuando él nació y todo lo que continuó pasándoles después, algo que él se vio forzado a interpretar a una edad muy temprana. El deseo, lo silenciado, la herencia que nos dejan la incomunicación, la ausencia, la espera, lo amado, la enfermedad, el abandono, las verdades a medias, la ruptura, la grieta y la luz, se reescriben y forman los pilares de un lugar que no cesa de reinventarse. Estamos así ante una especie de memoria poética ficcionada. Y, al tratarse de una ficción, el poeta crea. Es como si, en lugar de matar al padre tal y como ha ocurrido hasta ahora en diferentes movimientos artísticos, Pablo Fidalgo creara la figura del padre, creara el recuerdo, la infancia, la posibilidad. Así, en lugar de resignarse al silencio, destroza el lenguaje y reinventa la realidad, propone una nueva versión de los hechos. De este modo, la poesía se convierte en algo subversivo, porque el compromiso de Pablo se basa en hacerse cargo de la herida y de reescribirla. El lenguaje es claro, como un dardo, y nos lleva de lo íntimo a lo colectivo, ya que de manera paralela al relato de una cicatriz íntima, se nos habla de la cicatriz de un país entero asolado por el silencio y la ruptura, la división, que conllevan las verdades a medias. Explicándose a sí mismo, PFL explica el estado de ruinas actual en el que nos hallamos. Cito:

Mis padres se equivocan cuando piensan

que sólo existe un problema familiar

cuando todo un mundo está destruyéndose.

Y Pablo reniega, no se conforma:

Mi oficio es decir con claridad:

reniego de mí mismo y de todo lo que me rodea.

Yo sí reniego de mis orígenes.

Yo sí reniego de la pobreza.

Estamos ante el poema-lucha, el poema que construye y ofrece nuevas propuestas, ¿por qué quedarnos sólo con una de ellas si en el territorio de la página en blanco podemos experimentar diferentes opciones, formar una nueva comunidad mediante la palabra, reconstruir la memoria colectiva? Por eso, al igual que explica Arnaldo Antunes al referirse a su propia obra, la poesía de Fidalgo no relata un acontecimiento, sino que ella misma es el acontecimiento.

Mis padres: Romeo y Julieta en Rima Interna

Recomendaciones poéticas del 2013 por Martín López-Vega:

(…)

Cosecha de 2013

Publicado por Martín López-Vega el día  23 diciembre, 2013

A lo mejor quieren ustedes regalar un libro de poesía estas navidades y no se les ocurre cuál. Haciendo un repaso mental rápido a lo que se ha publicado este año en España, aquí van algunas sugerencias.

Hace tiempo que Olga Novo (en la imagen) es una de las poetas más interesantes que escriben ahora mismo en la península. Su profunda ligazón con la tierra, sincera y crítica, no tiene nada del turismo campestre al que estamos tan acostumbrados. Su capacidad para convertir cosas cotidianas en totems sólo es comparable a la de los clásicos. Los líquidos íntimos (Cálamo) es una antología de toda su obra.

El falso techo (Pre-textos) es el segundo libro de poemas de Erika Martínez. Bien entrenada en el gimnasio del aforismo, cada poema suyo es un puñetazo de inteligencia al estómago de la emoción. Otros libros de poetas españoles de las últimas hornadas: en La crisis: Econopoemas (Ya lo dijo Casimiro Parker) Sergio Fanjul da voz a la indignación por “lo que está pasando”, con humor e inteligencia. En Mis padres: Romeo y Julieta (Pre-textos) Pablo Fidalgo, un nombre esencial de las últimas quintas, recrea una historia familiar y consigue lo que pocos poetas logran: contarnos su vida y que nos creamos que nos está contando la nuestra. (…)

Leer texto completo en Rima Interna.

 

Reseñas de Carlos Alcorta y Violeta Nicolás de Mis padres: Romeo y Julieta.

Mis padres: Romeo y Julieta en las recomendaciones poéticas de Carlos Alcorta en el Diario Montañés (20/12/2013).

carlos alcorta recomendaciones

Reseña de Violeta Nicolás en Culturamas (21/12/2013)

Mis padres: Romeo y Julieta

Pablo Fidalgo Lareo

Pre-textos. 2013.

Se trata de un poemario, que podría ser una especie de autobiografía en verso, si bien, no se explica en detalle la historia, esto forma parte de su encanto. Creo que es una escritura inclusiva con el lector, a quien implica y hace cómplice en aquello que dice, a base de interrogativas y otros giros, que no consiguen sino afianzar en quien lee, aquello que propone en sus palabras, alcanzando un momento de poesía muy grato; aunque también nos deja una sensación de desencanto, que quizás se hace leve al sentir que es compartida o común. Además hay un sentido estético, de lo bello en esa especie de desencanto o bohemia. Se puede entender como una especie de monólogo interior, de diálogo abierto, de carácter epistolar a veces, lo cual puede acrecentar la curiosidad del lector y, también el hecho de suspender las posibles respuestas, a sus preguntas e inquietudes dirigidas a quién, acrecienta el sentimiento de soledad a las profundidades.

El prólogo, en verso, nos introduce el contenido del libro, el cual ya intuimos que será autobiográfico, sincero de manera lírica y quizás con el consuelo o el descanso de la confesión, de contarlo a alguien callado y discreto como es el lector, de manifestar su historia integrada en unas circunstancias sociales y políticas concretas, para que otro se haga cargo o abandone.

Ciertas percepciones nos remiten a su experiencia y bagaje en el ámbito del teatro el cual puede influir en su forma de comunicar su mundo de manera lírica, recordamos su trayectoria con la compañía “La tristura”.

 Yo soy hijo del deseo cuando aún

no se toca con la palabra amor

Mis padres tienen que ensayar la libertad

y encuentran un faro al que encadenarse

para probar su fuerza y fracasar.

Mis padres al concebirme ya sabían

que tendrían que repetir esa escena muchas veces.

Observamos en su escritura proyección autobiográfica, quizá a veces ficcional o, simplemente de construcción poética, bella, ingeniosa y extrema, como es probablemente la poesía, un exceso en sí misma. En cualquier caso capta muy bien la atención del lector con su ritmo marcado.

Recientemente, Pablo, da un giro hacia lo performativo, con su proyecto personal actual titulado: O estado salvaxe. Espanha 1939, autobiográfico en el que implica a su abuela y tiene un ánimo historicista, que me recuerda al concepto introducido por Miguel de Unamuno de intrahistoria, esto es, la historia no oficial, de colectivos marginales, o aquella que no aparece en los periódicos, pero igualmente se implica o forma parte de la Historia oficial con mayúsculas. Pablo nos cuenta sobre su proyecto: “Es una performance creada después de muchas conversaciones con mi abuela. Ella es, además, la única actriz de la pieza. A través de imágenes en Super 8 grabadas por mi abuelo desde los años 50 hasta los 80, reescribiremos la historia de mi familia, y al mismo tiempo, la historia de Espanha desde la guerra civil hasta nuestros días. Es el testimonio de una mujer que ha pasado mucho tiempo en silencio y que tiene un gran deseo de hablar, mucho que aclarar, mucho que reparar. Es, sobre todo, un acto de amor lúcido y extremo, un ataque de romanticismo antes de quemar las naves. En una carta dirigida a sus nietas, mi abuela va tejiendo su biografía y cuestionándose todo su pasado, su presente y su futuro, en un ejercicio de honestidad brutal que arroja luz sobre lo que significa estar vivos hoy”.

Mis padres: Romeo y Julieta, llega como la voz de un viejo familiar que nos emociona y a quien nos parece escuchar frente a nosotros como un espectro al que es imposible reconfortar. Nos habla con fuerza y claridad, a veces divaga pero finalmente concluye cada poema -o fragmento discursivo- con algo decisivo, sin dudas, con una contundencia que hace creer en la poesía; en la poesía que reside en nuestra vida.

Guardo una memoria excesiva.

¿Pueden estas palabras parecerse

a mi primer llanto?

¿Pueden estas palabras haceros recordar

lo que mi presencia fue en aquella casa

antes de que empezara a levantarme?

sé lo que significa ser un buen hijo:

dar otro significado al verbo guardar.

Padres he entregado vuestra imagen

para saber si sois tan extraños como creo.

entregad vosotros mi imagen

para saber si soy tan extraño.

He pensado muchas veces en irme para siempre.

en tener otro gestos, otra cara, otro paisaje.

Y cada vez que deseo desaparecer pienso,

¿qué imagen mía entregareis para buscarme?

Mi primer llanto era ya una conclusión.

Finaliza el poemario con una imagen familiar, él en medio de sus padres que le cogen de la mano, acompañada de unos versos en los que se refiere a la fotografía:

Si ves la fotografía tengo la boca abierta

y ese gesto anticipa mi vida.

El gesto que estoy haciendo con el pie

todavía lo hago hoy.

Creo que nunca he aprendido a pisar bien.

Creo que nunca he aprendido a respirar bien.

(…)

Presentaciones, lecturas y conferencia en diciembre 2013. Pablo Fidalgo.

13 y 14 de Diciembre. Material Memoria. Presentación de Patricia Caballero, MARCO, Vigo.

17 de Diciembre. Lectura de poemas en las jornadas de poesía “Pasquín Poético”, Café Belmondo, León.

19 de Diciembre. Presentación de Mis padres: Romeo y Julieta, Librería Walden. Pamplona. Presenta Uxue Juarez.

20 de Diciembre. Conferencia en  los encuentros Literatura y compromiso del Ateneo Navarro, Civivox Iturrama, Pamplona.

22 de Diciembre. Material memoria. Presentación por Pablo Figalgo y Beli Martínez (productora)de la película Vikingland. MARCO, Vigo.

Reseña de Antonio Rivero Taravillo de Mis padres: Romeo y Julieta.

Por Antonio Rivero Taravillo. (21/11/2013) 

Romeo y Julieta en Galicia

En 1956, Álvaro Cunqueiro publicaba esa breve delicia inmarcesible, Las crónicas del sochantre, a las que añadía como apéndice “La función de Romeo y Julieta, famosos enamorados”. Ahora, en 2013, y también desde Galicia, Pablo Fidalgo Lareo (natural del Vigo de cuyo Faro fue director Cunqueiro) nos entrega Mis padres: Romeo y Julieta, un extenso poema unitario dividido en fragmentos al que acompaña una treintena de otros poemas repartidos en las secciones “Prólogo”, “Casa de acogida” y “Río do mar”.
No es frecuente en los poetas, sean estos jóvenes como Fidalgo Lareo o no, el poema largo; menos aún comprobar la fidelidad (sin caer en la repetición) a unos temas, a las obsesiones, que son a la postre los mimbres con los que se construye la mejor poesía. Así, como dramaturgo estrenó hace seis años La velocidad del padre, la velocidad de la madre, cuyo ya presagiaba el libro que acaba de publicarse.
El poeta junta aquí su propia historia a la del amor, clandestino inicialmente, de sus padres, y luego a la separación de estos, a la fractura familiar. Ante unos vasos de vino tal vez podría aquel rebelarnos confidencias y delimitar la exactitud (si exactitud puede haber en los sentimientos) de la historia que aquí se siluetea; pero lo importante es la verdad poética, que aquí resplandece de continuo en un libro que puedo saludar ya como uno de los que más me han interesado esta temporada. Con prosaísmos y también desbordamientos líricos casi ingenuos, mediante un verso fluido que evita el excesivo atildamiento (Wordsworth, Campoamor, Antonio Machado o Cernuda preferían el escribir como se habla), tenemos aquí una love story que no es solo de los dos que la empezaron y la acabaron luego, sino también de quien es resultado de ella, que ahora levanta el acta, a veces emborronada, del amor filial, doblado de arqueología que trata de recuperar las piezas de aquella relación entre las ruinas de hoy. El autor que firma con sus dos apellidos, el paterno y el materno, escribe:

Mis padres dicen que nunca se conocieron
y lo niegan todo y yo se lo agradezco
porque dos negaciones me afirman.

Muchas veces, las separaciones de los padres exigen un altísimo precio de los hijos, y el joven Fidalgo Lareo debe de haberlo pagado, aunque no caiga en la autoconmiseración o la jeremiada. Pero de ese padecimiento, de esa falta que sufre el ser de carne y hueso, el fruto es un libro que rebosa emoción e inteligencia; por decirlo con una sola palabra, poesía.

Reseña de Carlos Alcorta del libro Mis padres: Romeo y Julieta

Por Carlos Alcorta (04/11/13)

PABLO FIDALGO LAREO. MIS PADRES: ROMEO Y JULIETA. PRE-TEXTOS POESÍA, 2013.

Desde la publicación de su primer libro, La educación física (Pre-textos, 2010), la poesía de Pablo Fidalgo goza de un reconocimiento prácticamente unánime tanto por parte de la crítica —que lo señaló como uno de los cinco mejores libros publicados en 2010— como por los lectores. Como miembro de la primera promoción poética del siglo XXI, de la generación de la pobreza, una generación que no conoció la Dictadura, pero que habla de ella como espacio simbólico, el saqueo del futuro que las políticas económicas ultraliberales están perpetrando mediante brutales recortes sociales y laborales y el robo a cara descubierta de las ilusiones tanto individuales como colectivas no puede dejar de transparentarse en sus poemas y en los poemas de otros poetas jóvenes (si entendemos, como Barthes, que «la escritura es un acto de solidaridad histórica»), porque son ellos quienes están sufriendo este despropósito de manera más sangrante. Pero, como todos sabemos, las formas de representación de la realidad no son homogéneas, permiten maneras incluso contradictorias de acercarse a ella, y todas gozan, en principio, de la misma validez, por esa razón, si algo se le puede exigir al poeta con respecto de la realidad no es la fidelidad a una determinada estética, sino un serio compromiso con el lenguaje, con el poema que trata de reconstruirla. Sólo gracias a la experiencia personal autónoma, no envilecida por influencias externas, el poeta será capaz de reflejar el momento histórico concreto del que es protagonista, cuando no víctima, con singularidad y voz propia, sin dejarse arrastrar por la fuerza de los acontecimientos o por impropias formas de divulgarlos. Quienes logran zafarse de esas presiones, por otra parte, subyacentes al acto de la escritura, y consiguen enfocar la realidad con su propia lente, serán a la postre aquellos poetas que ejercerán, consciente o inconscientemente, de faros, de guías generacionales y, éste, creemos, es el caso de Pablo Fidalgo, cuya obra, aún escasa, ha trastocado los preceptos más acomodaticios de nuestra poesía más joven sin adscribirse a ninguna de las corrientes estéticas predominantes ni a clan hegemónico alguno. Su poética la defienden sólo sus poemas y eso, que debería ser una perogrullada, resulta algo insólito en los aciagos tiempos en los que nos ha tocado vivir.

Soy de los que piensa que no es superfluo contextualizar la obra de un autor dentro del periodo histórico en el que dicha obra se desarrolla, porque aunque sea de forma tangencial, la historia en abstracto nos suministra información sobre los circunstancias de cada individuo y, en el caso concreto de Pablo Fidalgo, nacido en Vigo en 1984, y su personal aportación a la poesía, conviene significarlo. Si atendemos al criterio estrictamente cronológico, y con una pretensión meramente didáctica, podríamos encuadrarlo en la generación de poetas nacidos entre 1970 y 1985 —siguiendo el criterio más extendido de que la generación precedente, la conocida como de «los ochenta», comienza en 1955 y finaliza en 1969—, pero esta pauta resulta engañosa en muchos casos, porque hay poetas tan precoces que parecen integrarse en la generación precedente y existen poetas tardíos a los que no es inusual incluir en la generación posterior a la que por edad les corresponde. Una mezcla de ambas premisas nos parece los más pertinente para acercarnos a la poesía de Pablo Fidalgo, que, como se deduce de lo apuntado anteriormente, es uno de los poetas más jóvenes de su generación y, por otra parte, su primer libro —teniendo en cuenta esa precocidad de la que han hecho gala alguno/as de sus compañero/as de promoción— puede considerarse casi un libro tardío, pues su autor ha cumplido ya los 26 años cuando ve la luz, algo que, como veremos, lejos de suponer rémora alguna, ha supuesto el beneficio de presentar al lector, no una obra titubeante y en exceso dependiente de otras voces, sino un poemario redondo, personal y maduro que ha sorprendido porque ha roto los moldes estéticos al uso, sin arrogancia, pero con determinación y ha puesto en evidencia el desgaste de determinadas fórmulas estéticas, repetidas hasta la saciedad por adalides y discípulos, sin necesidad de rubricar tendenciosos manifiestos. La poesía de Pablo Fidalgo significa una vía de aire fresco en el contaminado panorama de la poesía española, y con esto no trato de decir que Fidalgo sea el único poeta de entre los más jóvenes que rehúye lo trillado, lo consabido, porque estaría faltando a la verdad. Otros autores se han arriesgado antes. Podemos citar nombres como Abraham Gragera, Josep M. Rodríguez, Mariano Peyrou, Ana Gorría o Alberto Santamaría, por ejemplo —esta lista, como es obvio, se puede ampliar con varios nombres más—, que desde postulados distintos, cada uno defendiendo su particular estética, se enfrentan con el inmovilismo y la monotonía de unos presupuestos que han envejecido y resultan inútiles para aprehender una sociedad asediada por la usura, para comprender a un ser humano atosigado por nuevas y, todavía, inexplicables incertidumbres. No en vano, Abraham Gragera ha titulado uno de sus libros, creo recordar que fue el primero, con el expresivo rótulo de Adiós a la época de los grandes caracteres, (Pre-textos, 2005). Nuevas circunstancias requieren nuevas formas de contarlas, una realidad diferente exige códigos particulares para descifrarla, modos audaces de incardinar el pensamiento en las palabras. Como es evidente, esto no puede conducirnos a pensar que la obra de estos poetas nace por generación espontánea, que es como esas flores extrañas que florecen inexplicablemente en un medio tan hostil como el desierto; si, me atrevo a pensar, poseen un rasgo común es, precisamente, el interés que muestran por asimilar otras tradiciones distintas a la nuestra, por hacer suyo el inmenso bagaje cultural que tienen hoy, gracias, entre otras cosas, a la tecnología, a su alcance.

La falta de prejuicios con la que Pablo Fidalgo escribe sólo puede provenir de una absoluta fe en lo que se está haciendo. Esto es algo que a ningún lector pasará desapercibido, pero no será tan sencillo argumentar esa convicción, porque lo que resulta del todo sorprendente es la independencia estética de la que hace gala, sin entrar en estériles controversias (más propias, por otras parte, de críticos que de poetas), sin descalificar a nadie, yendo sólo a lo suyo, sin mirar atrás ni a los lados, siempre con la mirada al frente. Da la sensación de que el poeta se ha mantenido agazapado en un rincón, absorbiendo y reciclando todo lo que caía en sus manos, escribiendo y tachando versos hasta que, al fin, ha encontrado esa voz propia que su experiencia necesitaba para tomar cuerpo. Pero no basta sólo con eso, es preciso tener la mente muy despejada para destilar la emoción, para reflexionar sobre ella y escribir con esta mezcla de intensidad y de inocencia. Esto es lo que más sorprende a un lector acostumbrado a una retórica repetitiva, con variantes muy superficiales. «La poesía de Pablo Fidalgo es un zambombazo en la línea de flotación del tono que se va imponiendo entre los poetas de su generación» escribe Martín López-Vega, y quizá esta sea la mejor forma de definirla, porque la naturalidad con la que está escrita — y no nos engañemos, naturalidad no es sinónimo de facilidad— pone en evidencia ciertos amaneramientos últimamente de moda.

Mis padres: Romeo y Julieta, es su tercer libro publicado, pero guarda una estrechísima relación con los dos libros precedentes. Si en La retirada —el libro precedente— había poemas claramente en deuda con algunos de La educación física, libro que, según confiesa el autor, «está escrito desde la conciencia y la pérdida de la juventud y también desde esa misma energía», en este último no sólo hay poemas que utilizan asuntos frecuentados en La retirada, sino variaciones sobre el mismo tema que utilizan idéntico armazón semántico para ensayar otra vuelta de tuerca, otra perspectiva que ofrezca una visión más caleidoscópica, hasta el punto de que la nota explicativa que encabeza dicho libro no desentonaría si la colocasemos al frente de Mis padres: Romeo y Julieta. « Cuando tenía 12 años hice un viaje con mi madre por la costa de Galicia. Mis padres se habían separado en 1987. Paseando por el pueblo de Cariño, mi madre me dijo que yo había sido engendrado allí. Esa noche dormimos en el mismo hotel y en la misma habitación en la que mis padres habían estado casi 13 años antes. Mucho tiempo después, a los 27 años (casi la misma edad que mis padres tenían cuando se separaron) volví a esa habitación. Y mi vida quedó atrapada, demasiado resumida, entre los dos viajes», pero no sólo eso, sin ir más lejos, algunos poemas son prácticamente idénticos, como el titulado «Cariño; invierno de 1966» que aparece ahora intitulado, y otros, como el titulado «Torino», están plagados de versos: «Estabas en Torino, solo, en aquella casa perfecta,/ y llegaría una mujer y te diría: quiero ser tú,/ y tú le dirías: es imposible ser yo en tan poco tiempo/ como dura una vida. / La ciudad era tuya y sentiste/ que podías pedirle que se fuera, y se fue» que enlazan con otros versos de este último libro de forma irrebatible: «Llegarás a Torino en avión, atravesando los Alpes. Prende un Pullman, y baja a la estación de Porta Susa…».

El correlato objetivo que Pablo Fidalgo utiliza para hablar de la relación frustrada de sus progenitores no podía ser más evidente, porque el amor de Romeo y Julieta posee en la conciencia cultural europea una connotación trágica. «¿Después de todo quién recuerda/ un conflicto entre dos familias/ en esta absurda tierra/ en esta absurda época?», escribe Fidalgo. El ilimitado amor de los amantes se ve malogrado por el enfrentamiento de las familias, lo que conducirá, inexorablemente a la tragedia y a la imposibilidad de que ese amor se culmine. «Nací del único amor grande, verdadero, loco,/ que en esta casa se recuerda» escribe Fidalgo, que parece hacer suyos estos versos de Julia Hartwig: «Ingrato fue ese amor y aceptarlo difícil». Como se puede comprobar por estas aisladas, pero significativas, muestras, el lenguaje utilizado por Pablo Fidalgo no busca la opacidad de forma interesada. Es un lenguaje deliberadamente narrativo que no rehúye el prosaísmo, aunque éste sirva para suavizar los cambios temporales o de sujeto en el mismo poema, algo no fácil de digerir, por lo que la utilización de un lenguaje críptico abundaría en el desconcierto. A veces parece que asistimos a unas descripciones más propias de un artículo periodístico que de un poema, como si el poeta estuviera hablando de alguien que no es él y observara el desarrollo de la acción, del juego, del partido, desde las gradas. Sabe que su nacimiento fue producto de una gran pasión, aunque ésta fuera irremediablemente efímera, y de la fugacidad de esa pasión, de los motivos que la convirtieron en algo transitorio tratan los poemas de Mis padres: Romeo y Julieta. El poeta recuerda sensaciones, experiencias que no ha vivido, que sólo ha imaginado y, a partir de ellas, construye, gracias al lenguaje, un mundo propio, recrea hechos ficticios como si hubieran sucedido, por eso no hay en su poesía distancia entra la realidad y aquello que la palabra evoca. Lo evocado es la realidad verdadera, la que hubiera podido ser y ahora es. El poema es lo real, no la experiencia de lo real. Los acontecimientos vividos en el poema poseen mayor legitimad poética que los que sucedieron o los que pudieron haber sucedido. Aquí estriba la auténtica originalidad de Pablo Fidalgo, porque no encontramos apenas referentes en la poesía española (muy remotamente podemos entrever los exámenes de conciencia de Gil de Biedma, cierta ironía de Ángel González o las invectivas de Cernuda en contra de la mojigatería de sus compatriotas), ni siquiera entre sus compañeros generacionales (con alguno de ellos, Josep M. Rodríguez por ejemplo, si encontramos alguna analogía, pero la expresión de éste es más fragmentaria, más elusiva). Los ecos de su poesía nos conducen, sin embargo, hasta la poesía en lengua inglesa, la escrita a ambos lados del Atlántico, y estoy pensando en nombres como Teg Hughes, Philip Larkin o Sarah Maguire en esta orilla, o en los norteamericanos Robert Lowell, John Berryman o Sharon Olds. En cualquier caso, no importa tanto de dónde proviene su fuerza y su singularidad, sino hacia dónde va. El poeta con voz propia elabora un lenguaje que le permite indagar en los misterios que envuelven su vida, que le permite definirse como ser humano y esto lleva consigo hacer caso omiso de corrientes estéticas habituales. El lenguaje poético es el lenguaje del extrañamiento, y el extrañamiento es la condición sustancial del que se rebela contra lo instituido.