Reseña de “Esto temía, esto deseaba” por Rafael-José Díaz

Ropa quemada. Sobre Esto temía, esto deseaba (2017),
de Pablo Fidalgo Lareo

Por Rafael-José Díaz*, publicado en Vallejo&Co

Sin que sepamos cómo, nos vemos de pronto recitando un poema, susurrando luego otro, incluso moviendo los labios sin emitir sonidos, o hablando sin abrirlos, los labios, como si nos dijéramos el poema desde dentro. En cualquier caso, hay un movimiento, pautas de dicción, lazos invisibles entre las palabras escritas y la voz que las pronuncia. No siempre ocurre esto cuando se lee poesía. Hay poemas que preferimos no escuchar; que, incluso, quisiéramos no haber leído o que no hubieran sido escritos nunca. Los de Pablo Fidalgo Lareo, no: pasan por dentro de nosotros y arrastran a su paso mucho derrubio, residuos de otras épocas, vivencias convertidas en costras, tachaduras que una vez fueron intimidad, conversación, entendimiento. Hay en su poesía un imperioso deseo de articulación: nace pronunciada, desgajada como sonido de un silencio que la abrazó durante demasiado tiempo. Su pronunciación es su ser: mientras se habla, mientras se escucha, vivimos en un mundo mejor, no estamos recluidos, evidenciamos nuestra persona y nuestro pacto con la vida, somos libres mientras podamos escucharnos hablar.

No conocía la poesía de Pablo Fidalgo Lareo cuando un día me acerqué a escucharlo a la librería Rafael Alberti, de Madrid: su voz nos convocaba a todos los presentes a una especie de ceremonia quirúrgica. Extirpar y suturar, decía, cortar y coser, lavar y secar, abrir y cerrar, decía. El flujo continuo de sus palabras se entendía como un movimiento de ida y vuelta entre lo insoportable y lo indecible. Asistíamos a una lectura en la que el lector nos ofrecía con primorosa elegancia un material sórdido con el que no sabíamos si debíamos vomitar o regocijarnos. Mis padres: Romeo y Julieta se llamaba el libro que en aquella ocasión se presentaba. De esto hace unos cuatro años.

Ahora Pablo Fidalgo publica un nuevo libro: Esto temía, esto deseaba, también en Pre-Textos. El título, tomado de un verso de Mario Luzi, nos sitúa desde el principio en una encrucijada de difícil resolución. Entre el temor y el deseo, que es casi como decir entre temor y temblor, los poemas se dividen en tres partes –de extensión desigual: de un solo poema la primera y la tercera; de veinte poemas, la segunda– y un epílogo. Podríamos pensar que la primera parte, el poema titulado “Un año sin volver a casa”, constituye una suerte de advertencia, un pórtico: a partir de aquí, se nos dice, nos internamos en un territorio sin nombre, poblado por seres cuyos rastros han ido quedándose marcados en el “exiliado” –o transterrado– que habla; que habla como alguien que encontró en la derrota el secreto para salir adelante, que comunica esto a quienes nunca creyeron en él y que necesita saber que el lugar del que partió sigue estando allí siempre aunque ya apenas signifique para él más que lo significan las demás casas en las que ha vivido: temporadas de vida desdibujadas en un diario. El lector quisiera saber muchas veces quién es este tú al que el poeta se dirige, o quién es cada alguien mencionado, quiénes son los ellos con los que se convive o de los que el poeta parece haberse alejado.

Hay que pensar que esta indeterminación nominativa, esta diseminación de las referencias personales debe leerse muchas veces como una paradójica invocación a los demás, a los otros a quienes no se nombra pero que a los que constantemente se les tiende una palabra, se les plantean preguntas, se les evocan momentos compartidos. Tú puede ser en cada poema un tú distinto. Y, por este mismo motivo, también yo puede ser muchos yoes. Cabe leer cada poema como las firmas trazadas en un libro de registro, sólo que no hay un solo libro de registro, sino muchos: uno por cada habitación, uno por cada ciudad, uno por cada mes, por cada año pasado sin volver a casa.

“Yo soy la prueba de que se debe estar en todo / o no estar”: así comienza el poema “París”, uno de los que conforman la segunda parte del libro, titulada “Mezzogiorno”. Los poemas aluden ahora a ese año fuera de casa, o a muchos años, y se sitúan en Lisboa, en Italia, en París. El movimiento, la dispersión, la “revisión de todo”, son aquí las premisas de un discurso que da cuenta de una serie de aprendizajes hechos en carne propia, sin guías ni orientaciones, sin fases de prácticas y “a pelo”, si se puede decir así. No hay aquí otra posibilidad sino la de lanzarse a experimentar vidas posibles, situaciones inexploradas, convivencias imposibles, amores inútiles. A pie de playa, muchas veces, vemos a una figura al trasluz: lo ha perdido todo pero sonríe, regresa a una habitación en la que guarda unos pocos recuerdos, o eso cree. En una maleta, a medio deshacer, hay unas pocas prendas pasadas de moda. En esta especie de danza en medio del ring de la vida (véase el poema “Rumble in the jungle”, dedicado al célebre combate Ali-Foreman), lo importante es encajar, un golpe tras otro, y reservar en nuestro interior todo lo salvaje, la rabia transformada en ternura, la “caricia” de Ali sobre el rostro de Foreman. La vida es una especie de danza al acecho, pero también un escenario en el que cuenta cómo se entra o cómo se sale de él. Importa la paciencia de que se disponga para sufrir toda la presión: esa imperceptible virtud que pocos valoran, sobre todo si esos pocos forman parte de nuestro pasado.

Si desde el interior de las palabras que Pablo Fidalgo hace circular en sus poemas –incluso literalmente: hay muchos da capo en algunos de sus poemas– surge ese ritmo envolvente que requiere ser proyectado, prolongado en voz, entonado con paciencia y precisión, no es menos cierto que resulta curioso que esas mismas palabras de las que emana una música tan aparente ceremoniosa sean casi siempre vocablos comunes, perfectamente habituales en la conversación natural. Hay algo, pues, de conversación ritualizada, de quebradiza confidencia en estos poemas.

Dichas así, con tal nivel de concreción, quiero decir dichas como si cada palabra volviera a reunirse con su sentido perdido, el efecto es el de un regreso al lugar natal, pero sin ninguna nostalgia, sin arrepentimiento, apenas con la cantidad precisa de vergüenza, el sentimiento que para Pablo Fidalgo resulta más difícil de erradicar. La concreción es aquí, paradójicamente, también inconcreción, pues las palabras se dicen sin que quede acotado en ellas un sentido único: se abren, así pues, a cualquier posibilidad. Consiguen, de una manera poco habitual y que es difícil de describir, una ambigüedad que nos alivia e inquieta a la vez. Las leemos y sabemos que en ellas ocurre algo muy intenso que ellas mismas nos ayudan a esquivar.

La tercera parte del libro, titulada “Historia de amor con una bestia”, el poeta se sumerge en busca de un pasado que emerge transformado en una especie de monstruo bicéfalo. Por un lado, lo que podríamos denominar el pasado efectivo, vinculado, de algún modo, a los pésimos recuerdos de infancia, de juventud, y simbolizado por esa ropa quemada en una habitación de hostal. Por otro lado, lo que quizá podría nombrarse como el pasado ensoñado, constituido por todos esos deseos encapsulados, sueños guardados, fotografías conservadas: imágenes abiertas que permiten dar un paso en dirección al futuro, ofrecerle a la persona amada esa imagen final: “Y es hacia nosotros hacia donde va el mundo”.

Las “marcas” de las que habla el poema incluido a modo de epílogo, “Libro de horas”, forman parte de ese dolor difícil de nombrar, de lo temido y lo deseado: en gran medida podríamos entender que “esto” que se teme y se desea, según el título luziano, es la misma cosa, impronunciable, indicada sólo a través del pronombre, de la opaca neutralidad casi carente de significado. El último poema es una oración sin sujeto, sin dios. Una oración que habla de la herida y de la posibilidad de perdonar para verse libre de una mancha originaria, de una marca inscrita en la piel. Tras tantos viajes, que son en el fondo uno solo, nos encontramos aquí en el borde de lo que puede decirse: con temblor, con temor –pero con insaciable deseo– leemos en alto unas palabras que nos permiten vernos mejor, ver lo que sólo en ciertos márgenes podemos vislumbrar.

*(Santa Cruz de Tenerife-España, 1971). Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de La Laguna. Fue lector de español en la Universidad de Jena y en la Universidad de Leipzig. Dirigió entre 1993 y 1994 la revista Paradiso. Ha publicado entregas de su diario, entre las que cabe destacar La nieve, los sepulcros (2005), y traducciones de Arthur Schopenhauer, Hermann Broch, Philippe Jaccottet, Gustave Roud, Pierre Klossowski, Jacques Ancet, Fabio Pusterla, Ramón Xirau y William Cliff. Como ensayista, ha reunido en Rutas y rituales una selección de sus ensayos escritos entre 1993 y 2003. Y, como narrador, ha publicado un primer libro de relatos, Algunas de mis tumbas, dos libros de prosas titulados, respectivamente, Insolaciones, nubes y Disolución; y, ya en 2014, su primera novela, El interior del párpado. Mantiene desde hace más de cuatro años el blog ‘Travesías’ (www.rafaeljosediaz.blogspot.com), en el que va publicando apuntes, relatos, poemas y textos misceláneos. Actualmente es profesor en el I.E.S. Pintor Antonio López de Madrid. Ha publicado en poesía El canto en el umbral (1997), Llamada en la primera nieve (2000), Los párpados cautivos (2003), Moradas del insomne (2005), Antes del eclipse(2007) y Detrás de tu nombre (2009). En 2012 reunió toda su poesía en un volumen titulado La crepitación. Poesía 1991-2006.

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Reseña de Tres poemas dramáticos. Carlos Alcorta.

Tres poemas dramáticos

Publicado por Carlos Alcorta en su blog,
el 24 de febrero de 2016.

He venido siguiendo la obra de Pablo Fidalgo desde que publicó La educación física, en 2010, libro que supuso para este lector todo un descubrimiento. Un autor que parecía haber surgido de la nada publicaba un primer libro—recordemos que ha nacido en 1984— con la suficientemente madurez como para haber destilado un buen número de influencias, hasta hacerlas una con su propia voz, algo inusual en un poeta tan joven. Leí poco después La retirada (2012), un libro que ha pasado injustamente desapercibido y acaso eclipsado por la aparición casi inmediata de Mis padres: Romeo y Julieta(2013), libro desgarrador con el que se consagra, y la crítica más exigente así lo ha confirmado, con toda justicia como uno de los poetas de referencia de la generación más joven. Pero Pablo Fidalgo no es sólo poeta, compagina esta tarea con la práctica teatral, entre otras cosas. Es en esta disciplina, de carácter colectivo, todo lo contrario que el ejercicio de la poesía, en donde asume mayores riesgos tanto estructurales como representativos, aunque la vinculación entre ambas disciplinas sea, en el caso que nos ocupa, estrechísima.

El libro que hoy comentamos, Tres poemas dramáticos, publicado por la benemérita y nunca suficientemente reconocida editorial Ediciones Liliputieneses de la mano de José María Cumbreño, como su propio nombre indica, trata de conciliar ambos aspectos, la poesía y la representación dramática. El primero de los textos que acoge este volumen —«O Estado salvaxe. Espanha 1939»— fue publicado anteriormente en el libroAutobiografía de una generación y de él nos ocupamos en este mismo foro. Junto a esta primera pieza se reúnen ahora otras dos, «Habrás de ir a la guerra que empieza hoy» y «Solo hay una vida y en ella quiero tener tiempo de construirme y destruirme». Eduardo Pérez-Rasilla, buen conocedor de la obra de Fidalgo escribe en uno de los textos que prologan los poemas esta reflexión: «Su lenguaje, lírico, contundente, con frecuencia aforístico, íntimo y coral a la vez, reservado y elocuente a un tiempo, propio de la confidencia pero rico en el uso de figuras retóricas (la anáfora, el paralelismo, la anadiplosis y la epanadiplosis sobre tosa ellas) apela, implica o incrimina a un espectador al que la palabra lo obliga a tomar partido». Son muchos los versos que podemos seleccionar para ejemplificar las palabras de Pérez-Rasilla. Me remito tan sólo a la primera estrofa de la segunda pieza, un claro ejemplo de anáfora: «Has pagado la entrada y eso te da derechos/ Que levanten la mano todos los que han venido engañados/ Todos los que hemos venido invitados/ Que levante la mano las familias/ Que levanten la mano los hijos de padres separados/ Que levanten la mano los hijos de comunistas/ Que levanten la mano los que se han intentado matar/ Que levanten la mano los que creen que los valientes mueren antes/ Que levante la mano los que sienten que pertenecen a una generación fracasada». Acaso una de las características que unifican los tres poemas sea la estar protagonizadas por personajes marginados por la historia, personajes desplazados, violentados por sostener una determinada ideología, personajes dolientes pero no derrotados que no buscan, sin embargo, revancha, sino justicia. Es cierto, como escribe Slavo Zizek, que, en muchas ocasiones «tendemos a olvidar que no hay nada redentor en el sufrimiento: ser una víctima en lo más ínfimo de la escala social no convierte a nadie en una especie de voz privilegiada de la moralidad y la justicia», de la misma forma que la enfermedad o la indigencia no justifican en sí mismos procederes de ética dudosa, sobre todo cuando, enmascarado en un victimismo las más de las veces humillante para quien lo cultiva, pero también para quien lo patrocina, se utilizan para conseguir determinadas prebendas o sinecuras, pero nada de esto tiene que ver, por fortuna, con las historias que dramatiza Pablo Fidalgo Lareo, porque aquí se da cuenta, con una honradez incuestionable, eso que Pérez-Rasilla llama «una dignidad permanentemente negada». Creo que Álvaro Valverde también incide en este aspecto cuando escribe que «Los personajes de este autor (y digo personajes con reparo: tan reales me parecen) son hombres y mujeres, como él, a la intemperie. Gente que ha resistido. Supervivientes. Hijos, diría, de la pobreza. Muchas veces, nómadas. O viajeros. O emigrantes, lo que salvando el tópico, es casi inevitable para un gallego». De lo que no cabe ninguna duda es de que resulta difícil encajar en el contexto de la poesía española actual un libro como éste, a medio camino entre la justa reivindicación de carácter histórico —más frecuente en otras poesías europeas, por ejemplo, en la polaca— y un lirismo de corte confesional desgarrador, emparentado acaso con los poetas norteamericanos adscritos a esa tendencia, Snodgrass o Lowell sin ir más lejos. Martín Rodríguez-Gaona afirma que «Pablo Fidalgo Lareo asume un abiertamente un posicionamiento generacional (algo en lo que me permito discrepar, porque creo que el de Fidalgo es un discurso narrativo que apela a la continuidad, sin fractura, con una pretensión unificadora muy diferente a la del fragmentarismo tan en boga actualmente). Entrado en el siglo XXI, en el contexto de una profunda crisis internacional, la Guerra Civil persiste en España como experiencia traumática, a la manera de una escena prima, cuyo rebrote y consecuencias son aún más graves por ser algo que no se quiso ver (y mucho menos reconocer o expurgar)». De esa experiencia traumática y de consecuencias como la represión (fosas aún sin abrir) o el exilio, tanto interior como exterior, escribe Fidalgo y, además, escribe desde la experiencia propia, porque los protagonistas no son seres anónimos, sino personas de su entorno familiar —Manuel Lareo Costas, Mercedes Fernández Vázquez, Giordano Lareo o el mismo autor—, y esta característica confiere a los poemas un componente diarístico y, por tanto, confesional nada frecuente en el distanciamiento aséptico de mucha de la poesía que se escribe actualmente [muy certeramente, Rodríguez-Gaona califica estos poemas dramáticos como «el despiadado análisis de lo privado, la deconstrucción de la familia, la disección de lo íntimo (contra el pudor burgués)»].

El poeta alemán Gottfried Benn afirmaba que el arte es capaz de eliminar el tiempo y la historia porque se adentra en la experiencia íntima de cada individuo formando parte de su herencia genética. Pablo Fidalgo Lareo es un ejemplo perfecto de esa alianza y de cómo ejercitar la memoria, sin necesidad de parafernalia ni de ambigüedades semánticas, es la mejor forma de impedir que nos roben el presente.

El diario Público escoge Habrás de ir a la guerra que empieza hoy

Público escoge Habrás de ir a la guerra que empieza hoy como mejor espectáculo de teatro en Portugal en 2015

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©Marta Pina

Texto: Inês Nadais

Encravada na garganta do século XX, a Guerra Civil de Espanha é um daqueles raros fenómenos que parecem ter o poder explicar tudo o que aconteceu à Europa (e ao mundo que ela ainda tinha sob a sua influência nesses anos 30). Descendente de uma família galega brutalmente tocada pelo embate entre republicanos e nacionalistas, e literalmente obrigada a lamber as feridas dos fuzilamentos e do exílio forçado, Pablo Fidalgo Lareo (Vigo, 1984) tem dedicado boa parte da sua escrita para teatro a escavar o tema, quebrando em delicados objectos autobiográficos e familiares o pacto de silêncio com que a Espanha democrática tentou arrumar o assunto de uma vez por todas. Assim descrita, a operação de resgate da memória de um país, a partir do resgate da memória de uma família, que permitiu um espectáculo tão extraordinário como Habrás de ir a la guerra… parece só mais um franchisedo tão dominante paradigma do teatro documental: só que entra aqui em cena uma poética fulgurante, tanto ao nível da cena como ao nível do texto (Pablo Fidalgo Lareo foi aliás editado este ano em Portugal pela Averno), e tudo se transforma. E depois há um actor, Cláudio da Silva, cujo corpo marcado pela poliomielite e por um outro exílio ainda mais próximo (o que se seguiu à descolonização de Angola) torna excepcionalmente real, iluminando-a à luz muito concreta da nossa própria experiência como portugueses e do poderoso milagre final, esta história de gente que estará sempre a mudar de assunto, sempre a dobrar e a desdobrar, sempre com as malas feitas. I.N.

 

 

 

A Carlos Oroza.

Publicado en el Faro de Vigo el 24 de Noviembre de 2015.

Nadie dijo las palabras como él. Nadie fue tanto el espíritu de una ciudad. No publicar durante años fue un gesto y una decisión radical, una apuesta por la presencia, por la actitud y por la verdad de vida, por una palabra que sólo podía vivir en el encuentro. A los catorce años le robé a mi tía Cabalum publicado por Ediciós do Castro. Era la primera vez que veía un libro con formato horizontal. Tenía catorce años y unos días después lo conocí. Para conocerlo no tuve que hablar con nadie, me senté a esperar en la Alameda y pasó. Siempre pasaba. Hablamos de la poesía que a él le gustaba, de Dylan Thomas, de Gerard Manley Hopkins, de Rimbaud y de Whitman. Después descubrí la entrevista memorable que se incluía en el libro Ocho poetas raros, un libro que debería ser de lectura obligatoria en todas las escuelas, un manual para la vida. Porque es de esa unión inseparable de vida y poesía de la que nos habla Carlos Oroza, de que siempre, siempre, hay posibilidad de elegir y decir no. En una de las últimas entrevistas, la que le concedió a Antonio Lucas, decía yo soy un salvaje contemplativo y lo que ahora tengo delante no me interesa en absoluto. Era salvaje en su relación con las personas, con la palabra, con la ciudad. Era incontenible, crítico, apasionado y devastador. Era contemplativo porque amaba el agua en las piedras, la lluvia, los líquenes, la oscuridad del bosque atlántico y el olor de las vacas. Para explicar su huída de Madrid decía que había venido al norte para buscar la luz, no el sol, la luz del Océano Atlántico. Repetía que la poesía no se elige, sino que te elige, y si te elige la sufres. Esas frases sólo las podía decir él, que llevaba escritas en su cara y en su cuerpo el dolor y el compromiso con la voz, con la contemplación, con la otra cara de la vida. Se ha empezado a escribir mucho sobre Carlos Oroza en estos días, pero su figura no admite muchos homenajes, acaso un larguísimo y silencioso paseo por Vigo. La vida de Oroza ha sido una experiencia compartida y única del espacio, de los paisajes y de la palabra. De pocos escritores se puede decir realmente que dejan un vacío, pero en este caso queda un vacío físico. Carlos Oroza y su compañera Elena pasaron varios años, durante los años setenta, en la casa de Uxío Novoneyra en el Courel. Novoneyra y Oroza juntos y en un diálogo infinito, representan lo mejor de la poesía escrita en Galicia en la segunda mitad del siglo veinte. Su muerte también nos hace recordar que existe más de una historia de la cultura gallega y española. Siempre pasaba y siempre desaparecía. Nos deja, además de la poesía, una vida llena de gestos. Todo Carlos Oroza está aún por escribir.
Göteborg, 22 de noviembre de 2015

Tres Poemas Dramáticos. Ed. Liliputienses.

Tres poemas dramáticos

Con PRÓLOGO DE:

Martín Rodríguez-Gaona. LA HISTORIA LA ESCRIBEN LOS VENCEDORES
PERO LA NARRAN LOS VENCIDOS.

“(…) Tres poemas dramáticos de Pablo Fidalgo Lareo explora los límites de los géneros, apostando por una poesía antipoética y una dramaturgia ritual. Ruptura pero no experimentalismo, poesía con lenguaje denotativo y teatro en el que la acción dramática está en el lenguaje. En ningún momento el autor se posiciona explícitamente con respecto a una ideología, expandiendo y complejizando los registros de la poesía social, particularmente estrechos en España. La carga poética prima, ante todo, por su incesante formulación de preguntas y este énfasis en un radicalismo moral hace más conmovedora y artísticamente efectiva a las obras. En su conjunto, la escritura de Pablo Fidalgo Lareo está cercana a proyectos como los de Cernuda y Gil de Biedma, también poetas dramáticos. Uno de los aspectos más relevantes de la propuesta de Tres poemas dramáticos está en su inclinación por la palabra común, por un lenguaje que sacrifica el esplendor en aras de establecer una genealogía. De este modo, el lenguaje se muestra deliberadamente prosaico, plano, sin siquiera apelar al ingenio, al feísmo o a lo lúdico, recursos propios de la antipoesía. Esta aproximación supone otra manera de llevar la palabra hasta sus límites, no por la vía de la saturación barroca del sentido o la transmutación de la iluminación, sino extenuando lo discursivo hasta revelar un secreto: lo inconfesable. El trauma fundacional, entonces, supondría definir una posición en la confrontación inmemorial entre las dos Españas (…)
(…) Este proyecto está en sintonía con fenómenos contemporáneos como la Slam Poetry y autores como Angelica Liddell, y tiene antecedentes en poetas performativos como David Antin y John Giorno. Pero sus bases se remontan a la obra de cumbres de la dramaturgia moderna como Eliot (la voz coral alegórica), Brecht (la desnaturalización como recurso político) o Pirandello (lo metateatral). Lecciones que se aprecian en el empleo de un plano simbólico y de referencias cultas (citas de Pessoa y Pound, entre otros) y que complementan y añaden niveles a los soliloquios de sus personajes. Por lo tanto, en Pablo Fidalgo Lareo, todo un bagaje de referencias y recursos apoya su propuesta, en un inusual impulso de pensamiento y sentimiento canalizado para analizar la intimidad (…)”.
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Con PRÓLOGO DE:

Eduardo Pérez-Rasilla. NOSOTROS NACIMOS EN UNA ÉPOCA SIN NOMBRE.

“(…) El presente y el pasado se reúnen sobre el escenario como aspectos inseparables de una realidad sangrante, como una herida no restañada, como una memoria encarnada en el cuerpo. “Es como si los vivos nos acercásemos a los muertos”, se dice en Solo hay una vida y en ella quiero tener tiempo de construirme y destruirme. “La vida de un hombre solo tiene sentido inscrita en el tiempo, /Pensando que hubo otros antes y que habrá otros después”, se asevera en Habrás de ir a la guerra que empieza hoy. El cuerpo y la memoria. La necesidad de vivir la vida de los demás. Para algunos, el elemento esencial de la tragedia griega sería el reconocimiento, la anagnórisis aristotélica. La identidad destruida por la muerte, por la guerra, por el exilio, por el imposible retorno y el irreparable daño del olvido necesita volver a ocupar un lugar, que insistentemente reclaman las voces que se escuchan a lo largo de estos Tres poemas dramáticos. Se
reivindican los nombres entendidos como una forma de dignidad y de reconocimiento por los otros (…)”.
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Con PRÓLOGO DE:

Álvaro Valverde. UN ARTE DE VIVIR.

“(…) Monólogos que son diálogos, en los que el lector o espectador no puede evitar sentirse arte y parte, protagonista de los hechos que se narran. Sí, porque el componente narrativo -el contar- es también esencial aquí. Las piezas de Fidalgo son testimoniales y, diría más, testamentarias. Dan cuenta de lo que le sucede a él o a los suyos (eso que, no sin ambigüedad, denominaría, familia, esa “enfermedad imposible de extirpar”, otra de las claves de este empeño) y quieren perpetuarse en el tiempo (la memoria es otro motivo recurrente), para que no se olviden. Fidalgo pone voz a personas que han existido o existen, pero que no siempre pudieron verbalizar por sí mismas lo que sentían o recordaban.(…)
Lo autobiográfico es aquí ley, algo que también contribuye a afianzar ese grado de autenticidad que señalo. Lo mismo que el modelo poético, digamos, adoptado: el del monólogo (acaso sea pertinente añadir “dramático”), aunque, oh paradoja, no deje de ser un diálogo: el que el autor establece, quiérase o no, con el lector o escuchante. Sí, porque los otros, la vida de los otros, lo que otros piensan o sienten o celebran o sufren es inseparable de estos dilatados, lentos versículos de talante humanista, de hondo sentido moral, solidaria y humana por los cuatro costados (social la llamarán algunos), que atiende, sobre todo, a la dignidad de mujeres y hombres. A su libertad. Que observa lo que les pasa, lo que nos pasa, lo que a él le pasa, sin olvidar el amor, la guerra, el dolor y, cómo no, la muerte: “Mi objetivo es ganarme mi muerte”, leemos. Lo real. La realidad que nos alegra y que nos atormenta. En ese sentido, que nadie venga buscando
en estas páginas lindezas liricoides, verbosidades enojosas y melifluas vaguedades de esas que algunos confunden con la pobre poesía. La vida, para Fidalgo, es algo sagrado. Y a “lo sagrado” remite en numerosas ocasiones desde un mundo sin dios.(…)”
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Reseña Habrás de ir a la guerra…por Camila Phillipps-Treby

Publicado por Camila Phillipps-Treby*

en O Galiñeiro, blog de teatro de Praza Pública

O teatro documento supón un encontro, enfrontamento, limbo entre dous tempos, dálle volume ó silencio, é unha cita pendente.
Fai tan só uns meses asistíamos ó festival Escenas do cambio en Santiago de Compostela, evento no que os espectáculos relacionábanse por seren desta mesma tipoloxía, Pablo Fidalgo o respectivo comisario, obséquianos agora cunha demostración, enche de poesía o pasado da súa orixe ó outro lado da fronteira no ciclo Mostra España 2015 en Lisboa.
Na especulación indescifrable da realidade e a ficción que tinxe o pasado, o director, como el mesmo di ó comezo do espectáculo, quere encargarse da páxina en branco de Giordano Lareo Mallo, protagonista desta historia.
A partires dun libro sobre origami dun vello familiar nacen as conexións entre pasado e presente: Arxentina, Sevilla, España… Países e persoas que se relacionan como as raíces das árbores baixo a terra para facerse máis forte e resistir así o vento, as raíces das orixes.

Giordano Lareo Mallo (Cláudio da Silva) é un exiliado da Guerra Civil que, recuperado do esquecemento polo autor, nos dedica a súa noite lembrando a loita que outros queren esquecer.
Viaxamos a través do ardor nostálxico do exiliado e toda a amargura que a palabra supón, vive en tempo pasado e en terra que nunca será súa, a historia esquécese del mentres tentaba reconstruíla.
Na súa maxistral performance fálanos de forma directa e clara, hai algo no seu ollar que vai máis aló, móvese como un animal e míranos dunha forma que fai ficar coa dúbida se o enfrontamento é co pasado ou con nós. Establécese unha relación de inferioridade co público que el mesmo expresa: “Ustedes son las moscas al otro lado del cristal, las que chocan contra él una y otra vez, las que nunca vivieron ni vivirán nada”. A súa experiencia, dor e rancor sitúano noutro nivel e non podemos facer máis que ficar en silencio cun nó na gorxa.
É unha pantasma que vén facer xustiza polo pasado a través da memoria, presentándonos o paradoxo: “La repetición es una forma extraña de no perder la memoria.” Mais, non é que pola falta de memoria non paramos de repetir os mesmos erros?

O ton conversacional do performer crea a intimidade necesaria que o espectáculo poético necesita. O texto navega en tópicos como a educación e a diferenza e defensa de ideas. “¿Cómo hubiéramos educado a los hijos de nuestros enemigos para que pensaran como nosotros?” Se a defensa dunha idea non acaba con que se impoña senón con que prevaleza entón, qué significa realmente vencer? “Creía que el futuro de España era la educación”. En tempos como hoxe escoitar esas verbas de tempos pasados fainos sentir ridículos, outra vez no mesmo sitio, mais esta vez sen saber moi ben onde ir.
O escenario compón un espazo liminar como o que queda entre o cristal para separar as moscas.
O espazo é enchido por pequenas paxariñas de papel que Giordano se dedicou a facer nos seus últimos tempos e para cando a peza remata o escenario semella un cemiterio de almas brancas, de compañeiras, sobre o cal o protagonista danza ritmos tribais, liberado do tempo e o espazo unha vez chegada a súa morte.
Todo se percorre e sustenta a través da metáfora das paxariñas que serviron para atopar e coñecer ó personaxe. Giordano di que cando alguén agasalla unha paxariña o que realmente agasalla é tempo, como o tempo que el e os seus compañeiros agasallaron ós que viñan despois deles loitando polas ideas que crían. Acto de heroísmo que se dobrou na historia escura de España como se dobran as paxariñas. “Ya se dieron cuenta de que no volveremos a ningún tema, de que estaremos siempre doblando y desdoblando”.
O espectáculo remata co intérprete amosándonos quen é na realidade ou quizá mellor sería dicir: outra parte del, outro recuncho da súa memoria, dos seus pais refuxiados da guerra de Angola anos atrás, do seu eu pequeno, de todas as voces silenciadas.
Unha testemuña que chega a uns niveis de conexións que impresiona, como pasaba con Acceso de Pablo Larraín. A liña entre personaxe e performer tórnase cada vez máis fina, como a que separa dous tempos que son imposibles de vivir o un sen o outro.
‘’No creo en la justicia pero creo en la memoria’’.

Fotografías: Marta Pina.

*(Camila Phillipps-Treby é alumna da especialidade de Dirección escénica e dramaturxia na ESAD de Galicia. Coordinación e supervisión de Afonso Becerra de Becerreá.)

Habrás de ir a la guerra que empieza hoy

“A mi querido hermano Manolo, con la añoranza de los años y la distancia”.
Esta dedicatoria en un manual de origami titulado Papirozoo que Pablo Fidalgo Lareo encuentra en una estantería de su casa es el inicio de Habrás de ir a la guerra…El inicio de un proceso de reconstrucción de la historia de su familia y de España. El inicio del encuentro con la figura fascinante de su tío abuelo Giordano Lareo: encarcelado durante la guerra civil, exiliado tras escapar in extremis de la ejecución y también profesor, traductor, tesorero de la república en el exilio, representante de Nestlé en la Patagonia, inventor de un sofá-cama y autor del primer manual de papiroflexia de Argentina. En esta pieza, que es al mismo tiempo un encuentro y un baile final, se dará vida a Giordano Lareo. Argentina, la tierra del exilio, será el lugar donde prepararnos para la guerra, donde poner a salvo las ideas, donde educar la mirada para un paisaje infinito que nos acompañará hasta el final.

Habrás de ir a la guerra que empieza hoy

© Marta Pina

FICHA ARTÍSTICA

Dirección y texto Pablo Fidalgo Lareo
Interpretación Cláudio da Silva
Diseño de luz Jose Álvaro Correia
Espacio sonoro Coolgate (aka João Galante) Piano Ásia Rosa
Técnico Nuno Figueira
Apoyo artístico y asistente de producción Amalia Area
Producción y difusión Carla Nobre Sousa/Materiais Diversos
Co-producción Teatro Municipal Maria Matos (Lisboa), Festival TNT (Terrassa), Festival BAD (Bilbao), Festival de Otoño a Primavera (Madrid)
Con el apoyo de Espaço Alkantara (Lisboa), Museo de Arte Contemporánea de Vigo (MARCO)
Presentado en Portugal con el apoyo de Mostra Espanha 2015

AGENDA

2015

TNT, Terrassa (estreno) – 1 Octubre
Teatro Rivoli, Porto – 3 Octubre
Teatro Municipal Maria Matos, Lisboa – 7 – 10 Octubre
Teatro Académico Gil Vicente, Coimbra – 14 Octubre
Festival Verão Azul, Lagos – 23 Octubre
Festival BAD, Bilbao – 26 Octubre